II curso internacional por la libertad de expresión

La noticia y la vida

Conversaciones sobre periodismo

Chiclana, 13-16 de septiembre de 2010

La Noticia y el Terrorismo

Antonio Basagoiti y Santiago González

[Arcadi Espada]

Antonio Basagoiti es eso que se llama «un joven político» pero en este caso, además, la juventud no es solamente un aditamento físico, sino también moral. De alguna manera, compartido con otras personas, pero de una manera central, Antonio Basagoiti es en estos momentos la fisonomía de una nueva época en el País Vasco y eso lo hace irremediablemente simpático, con independencia de lo que uno piense de sus ideas y sus planteamientos. Le agradezco que haya venido.

Igualmente a mi amigo Santiago González, que desgraciadamente no es tan joven, pero que en cambio tiene un ánimo juvenil, e incluso una fisonomía juvenil. Santiago es un periodista de larga carrera y de amplio espectro. Trabaja en el diario El Mundo y también en Onda Cero. Se ha especializado en la detección de la ruina semántica de la política, y por lo tanto es un hombre que a veces tiene desmoralizaciones profundas. Le doy la palabra con mucho gusto y le agradezco que esté con nosotros.

[Santiago González]


El domingo de hace ocho días tuvimos una noticia que se hace obligado comentar al hablar de un asunto como este. ETA decretaba su undécimo alto el fuego, —depende de que se considere o no la tregua específicamente catalana—. Pero son once o doce veces las que hemos transitado por un momento como este, y lo primero que me gustaría decir es que es asombroso lo poco que hemos aprendido.

Razones de actualidad nos llevan a la BBC, a quien tres encapuchados, ataviados con lo que una comentarista de mi blog llamaba «un burka con boina», daban a conocer la tregua. Esto debería suscitar una primera reflexión sobre el papel de los medios de comunicación como altavoces para la propaganda de una organización terrorista, pero excedería de nuestros propósitos que dedicáramos esta charla a hablar de la BBC. Muy probablemente, las razones que tuvo ETA para elegir esta vía fue la mayor difusión internacional que podría tener gracias a la BBC, y la credibilidad del medio. Además, hay una cuestión, y es lo colaboradores que son a veces los periodistas de medios tan independientes para no llamar a una organización terrorista «organización terrorista», sino «organización separatista vasca» y otros circunloquios parecidos.

La tregua no había sido declarada hasta hace ocho días, pero llevábamos meses hablando de ella, todo el mundo. Hablaban los miembros de Batasuna. Hablaban los periodistas que tenían contactos con los medios de Batasuna. Hablaban los socios de Batasuna, Eusko Alkartasuna. Hablaban los partidos nacionalistas. Hablábamos en general, y por supuesto los periodistas, y toda una serie de sujetos muy curiosos que reclaman su cuota de protagonismo cada vez que un acontecimiento de estos se produce, por nimia que sea su importancia real o los hechos en los que se apoya. Son los mediadores internacionales: unos cantamañanas, ilustres en ocasiones y sin graduación en otras, de los que forman parte el Premio Nobel Adolfo Pérez-Esquivel, el cura irlandés Alec Reid o el abogado sudafricano Brian Currin, por citar solo tres ejemplos.


Son la expresión de la proyección internacional de lo que ellos llaman por antonomasia «el conflicto». Son mediadores que, en la mayoría de las ocasiones —como es el caso de Brian Currin y Alec Reid— son asesores de la propia Batasuna, y utilizan un lenguaje que está a medio camino entre los salmos de la Iglesia de la Cienciología y un tratado de termodinámica. Digo esto porque hoy publicaba El País un artículo que me ha parecido excelente, de José María Ridao, sobre la ciencia de la resolución de conflictos. Se maravillaba muy razonablemente de que esto esté adquiriendo caracteres de «ciencia», y de que se trate de aplicar el método científico a las recetas de viajantes de comercio que llevan en su cartera y que, cuando se producen estos acontecimientos, tiren de recetario o del manual y digan: «El asunto es este y tenemos que establecer esta hoja de ruta».

Esto tuvo un precedente hace muchos años —en los años duros del terrorismo en el País Vasco—, que era la figura del mediador. Figura que por antonomasia la constituyó y la vino representando con carácter monopolista un tipo de Elorrio que se llamaba Juan Félix Eriz, y que se las apañaba para ponerse en comunicación con los empresarios que habían sufrido la petición de esa forma de extorsión que se llama impuesto revolucionario, o cada vez que había un secuestro en el País Vasco. Se ponía a disposición de la familia para negociar en su nombre con la banda terrorista y abaratar la extorsión o el precio del rescate. Su verdadera función, en realidad y en la práctica, era muy otra. Consistía básicamente en maximizar los beneficios de la organización terrorista. Si entonces le pedían al amenazado diez millones de pesetas como contribución a la lucha de Euskal Herria por su liberación, dada su condición de burguesía monopolista, se ponía en contacto con ellos el mediador, y aquellas buenas gentes, muy angustiadas, le enseñaban sus cuentas bancarias y el estado de la pequeña empresa: los balances y todos los activos patrimoniales de que disponían. Entonces, el mediador se iba donde su contacto de ETA y le decía: «Mira, es que esta gente no tiene más que diez kilos, no le podéis pedir más de seis o siete». En realidad lo que hacía era maximizar el beneficio.

A su vez, esto tenía su tradición en los casamenteros decimonónicos. Una institución muy socorrida en una sociedad como la vasca, donde los dos sexos se han relacionado históricamente con algún grado de dificultad. El inventor del oficio fue Arriaga, un ebanista de Marquina, que se presentaba en las ferias de los sábados de su pueblo y en las ferias de los lunes de Guernica, y se dirigía a tipos de buena posición —algún indiano— para decirle: «Oye, mira, que tú te estás convirtiendo ya en un mutil zaharra —literalmente un chico viejo, un solterón— y a ti te convendría mucho sentar la cabeza. Y mira, conozco yo a la Mirentxu, que es una chica limpia y trabajadora como pocas». Entonces, esta especie de celestino iba concertando así matrimonios. ¿Y para qué? ¿Solo por vocación? Pues no, porque en realidad él era ebanista y, al mismo tiempo que les concertaba la boda, les vendía el ajuar para la casa. Algo parecido hacían los mediadores. Luego cobraban su porcentaje o su comisión a la familia extorsionada, que consideraba que les había ahorrado unos millones de pesetas con su mediación.

Lo que yo quería hoy aquí es dar unas pinceladas comparativas entre las tres últimas treguas que ha decretado ETA. A saber: la del 16 de septiembre de 1998, también conocida por «Tregua de Lizarra», la anunciada el 22 de marzo de 2006, que fue la tregua del llamado «proceso de paz» de Zapatero, y esta. Lo primero que cabe decir es que esta se anunció con un comunicado verdaderamente atípico. Con algo que en ninguna de las diez ocasiones anteriores se había producido. Y es la siguiente expresión: «ETA hace saber que ya hace algunos meses tomó la decisión de no llevar a cabo acciones armadas ofensivas». Esta es la única singularidad del anuncio: la imprecisión.

Es muy notable, naturalmente, que se trate de una tregua con efecto retroactivo. Como El burgués gentilhombre de Molière, resulta que la sociedad vasca, no es que estuviera hablando en prosa, es que estaba viviendo en tregua, y sin saberlo. Es una cosa verdaderamente rara, porque como decía el Evangelio de San Mateo, nadie encendió una vela para meterla debajo de un celemín; lo normal es colocarla en un candelero y en un sitio alto para que proyecte luz a todos los miembros de la casa. Quiero decir con esto que ETA persigue algún tipo de resultado cuando anuncia una tregua. No voy a decir cuáles son los que persigue en esta aunque, en general, podrían ser: adquirir notoriedad, tratar de conseguir de manera tácita un parón en la represión policial contra ellos, tomar tiempo para reorganizarse, pedir una negociación al Gobierno y cuantas se les puedan ocurrir a ustedes. Pero malamente cumplirán ninguno de esos objetivos si no hacen pública su oferta de tregua. Y llevamos unos meses; desde no más allá de marzo, porque el 16 de marzo de este año fue cuando asesinaron al gendarme francés Jean-Serge Nerín durante el atraco a un concesionario de coches en las afueras de París.

Esto es muy impreciso y muy poco habitual en ETA; para las fechas y las horas suelen ser extremadamente puntillosos. Veamos las otras dos treguas comentadas. El 16 de septiembre de 1998, cuando las televisiones, a eso de las 12:20 h., empezaron a escupir la noticia de que ETA establecía un «alto el fuego indefinido», se decía que en el comunicado precisaban que el alto el fuego entraría en vigor 48 horas más tarde. Esa, que fue la tregua más larga que ha ofrecido ETA en su historia, duró hasta el día 28 de noviembre de 1999, catorce meses después, cuando con un nuevo comunicado anunciaba que daba por rota la tregua y que reabría todos sus frentes de lucha a partir del día 3 de diciembre de ese mismo año, es decir cinco días más tarde.

La vez anterior —el proceso de paz de Zapatero— anunció la tregua a la que llamó «alto el fuego permanente» el 22 de marzo de 2006, y dijo que entraría en vigor el viernes, día 24, a las 0:00 horas. A pesar de que la tregua se rompió de facto el día 3 de diciembre de ese año con la bomba que arrasó el aparcamiento de la T4 de Barajas, ETA no consideró que aquello era una ruptura de la tregua, sino el efecto indeseado de que dos pobres ecuatorianos —Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio—, estuvieran durmiendo en el lugar inadecuado cuando ellos trataban de dar un aviso al Gobierno. Pero volvió a la precisión cuando de verdad dio por rota la tregua, que fue el día 4 de julio, anunciando que dentro de un par de días, a las 0:00 horas, reabrirían todos los frentes.

De todas formas, yo querría pedir un poco de comprensión para los periodistas, porque los medios de comunicación se han pasado en esta ocasión semanas e incluso meses hablando del anuncio de tregua. Y cuando llega, es hasta cierto punto natural que todo el mundo en las redacciones se ponga a examinar el texto sagrado con la misma fe con que en los albures de la antigua Roma miraban en las entrañas de la oca. En la tregua de 2006, por ejemplo, dio muchísimo juego a columnistas, analistas y políticos lo que se entendía que era la mayor novedad del comunicado: el calificativo «permanente» frente al de «indefinido» que habían usado en la anterior tregua, la de Lizarra. A veces todo esto se hace sin mucho fundamento.

Un historiador reputado, y a quien tengo en un excelente concepto, se puso a analizar en una columna de periódico el lenguaje del comunicado de 2006. Llegó a la conclusión de que la oferta de ETA era esa vez verdaderamente seria, mucho más que en las nueve ocasiones anteriores, porque en lugar de la socorrida expresión «el pueblo vasco», decía, habían empleado el sintagma «los ciudadanos vascos». Evidentemente es significativa para cualquier demócrata la distinción entre el volksgeist del romanticismo que dio origen al espíritu del pueblo, que es un concepto fundamental en todo el nacionalismo, y el gobierno de los ciudadanos, que es lo que caracteriza a las democracias. Pero eso no tiene que ver con el lenguaje que usa una banda terrorista. De hecho, ETA había hecho pública lo que llamó la «Alternativa Democrática» once años antes de esta tregua —el día 20 de abril de 1995, exactamente—, y en aquel comunicado usaba cuatro veces la palabra ciudadanos. De hecho, este término lo utilizan los terroristas habitualmente en sus comunicados para distinguir entre su gente y los que no lo son. Es decir, al dar cuenta de la represión policial, por ejemplo, los comunicados de ETA dicen que «han sido detenidos tres gudaris», que son sus militantes, «y cuatro ciudadanos vascos», que son alguien que pasaba por allí o que no pertenecen a la organización terrorista.

No voy a hacer hermenéutica de los comunicados terroristas, por mucho que me tiente, aunque una de mis actividades preferidas, como ha anunciado el moderador y sin embargo amigo Arcadi Espada, es la deconstrucción de textos. Pero esto es inevitable: hace unos pocos días, un columnista brillante, Miguel Ángel Aguilar, escribía en El País un análisis del texto del que estamos hablando, el de la oferta de ETA. Y decía en él:

A falta de últimas comprobaciones, nos atrevemos a sostener que es la primera vez que se utiliza el subjuntivo en un comunicado de la banda. Sorprende además que sea usado en el primer párrafo, donde se busca hacer historia del cincuentenario, ambientarla con un perfume de despedida (…) El uso del subjuntivo, el recurso cambiante por parte del escribidor del impersonal, en tercera persona del singular, al plural en primera persona, el empleo reiterado del gerundio y la inclusión de expresiones contaminadas por el antagonista, fortalecen la hipótesis de que la declaración originaria hubiera sido escrita en castellano.

¿Cuál es el sentido de todo este análisis? El portavoz del PNV, Joseba Egibar, que también es muy dado al análisis de los textos, a mediados de los años noventa, después de un comunicado de ETA, impartió un cursillo de hermenéutica extraordinario:

Su lectura revelaba que el texto estaba escrito: primero en castellano, por mucho que luego lo hayan dado a conocer en euskera, y lo habían traducido con un diccionario malo, porque usan la palabra ezagutza para hablar del reconocimiento del derecho de autodeterminación, cuando en realidad debe utilizarse para el reconocimiento de objetos. Si se hubiera redactado primero en euskera, lo adecuado hubiera sido poner aitortu o aitorpena.

Leyendo cosas como estas uno se pregunta por qué cuando vio La vida de Brian le pareció una película humorística. Si recuerdan, hay una secuencia magistral en la que el protagonista Brian está pintando a brocha en las paredes del Coliseo de Jerusalén. Está haciendo una pintada llena de faltas ortográficas y sintácticas con el texto Romani, ite domum (Romanos, iros a casa). Lo sorprende el centurión, le coge por la oreja, y le dice paternalmente: «A ver, ¿cómo se escribe el vocativo plural de Romanus?». Yo creo que esto es una prueba, a veces, del poder del terrorismo para acuñar un lenguaje que se extiende inmediatamente por toda la sociedad.

Hay una prueba todavía más significativa, y que hace referencia al núcleo de la cosa, al nombre de la patria. Euskadi, como sabrán, es una terminología impuesta por Sabino Arana a finales del siglo XIX. Y contaba Mario Onaindía, en Guía para orientarse en el laberinto vasco, que a finales del siglo XIX un lingüista de Lequeitio, Resurrección María de Azkue, fue invitado a impartir una conferencia en el Euskeldun Batzokija, la primera sede nacionalista, el primer batzoki que se abrió en la historia en el casco viejo de Bilbao. Durante su conferencia, pronunció varias veces el término habitual Euskal Herría, pero cada vez que lo decía, los militantes nacionalistas que le estaban escuchando decían a gritos: «¡Euzkadi!», que era el término que en aquellos días había acuñado Sabino Arana. Si el pobre hubiera visto que hoy, el mismo Partido Nacionalista Vasco ha sustituido la palabra Euzkadi por Euskal Herría, sería bastante notable, y más si se diera cuenta de que fue ETA quien empezó a imponer desde los años noventa, de manera sistemática, el término Euskal Herría.

Sobre esto se han dicho muchas cosas, pero casi todas muy faltas de fundamento. El hecho fue de una simpleza extraordinaria. Cuando en marzo del año 1992 cae la cúpula de Bidart, uno de los detenidos fue José Luis Álvarez Santacristina Txelis, que era el encargado de escribir los comunicados, los zutabes y las publicaciones internas. Le sustituye el que después habría de ser jefe de ETA, Mikel Antza. Y como Mikel Antza tenía algún pujo poético y algunas veleidades literarias, a él le sonaba mejor Euskal Herría que Euskadi, y sustituyó sistemáticamente el término sabiniano y clásico Euskadi por el de Euskal Herría. Entonces, todos los partidos nacionalistas empiezan a pasarse a Euskal Herría. Y esto es ni más ni menos la historia de cómo se hace. Hay que hacer notar que el propio nombre de ETA es un acrónimo de «Euskadi ta Askatasuna» —«Euskadi y Libertad»—, usando por tanto el viejo término sabiniano.

Pero sobre todo, qué sentido tienen estas disquisiciones cuando vivimos en unos tiempos en los que el propio presidente del Gobierno acuñó la que seguramente es la frase más extraordinaria de una carrera política cuajada de ocurrencias: «Las palabras han de estar al servicio de la política, y no la política al servicio de las palabras». Y si ésta es divisa del presidente de un gobierno en una democracia, ¿estamos tratando de dar sentido a los textos de una cuadrilla de ágrafos, tratando de establecer distinciones entre «indefinida» y «permanente» y evaluar el mayor o menor uso del subjuntivo y los gerundios? Lo normal es que terminen enredados los nuestros en todo esto.

Una distinción entre esta tregua y la anterior es positiva para esta. No ha habido disputas entre el partido que gobierna y el principal partido de la oposición, a pesar de que los términos empleados por los distintos representantes de la vida política democrática hayan introducido elementos que inducen a duda, como «insuficiente» o «decepcionante». ¿Qué quiere decir «insuficiente», cuando después del fracaso de la intentona de 2006 hubo una unanimidad? Incluso Jesús Eguiguren, que volvía a salir este domingo en los medios de comunicación con entrevistas a favor de establecer algún protocolo de negociación con ETA para aprovechar el momento, decía que ahora tendrán que venir disueltos antes de hablar con ellos, cuestión que es una aporía, un callejón sin salida.

Si una asociación decide disolverse, ¿qué habría de negociar ningún gobierno con ellos? Esto es como un empresario que tuviera unos trabajadores que, por las razones que fuera, no estuvieran unidos y fueran incapaces de plantearle una huelga. ¿Por qué habría de negociar con ellos el convenio? No hace falta que sea un tiburón del neocapitalismo; incluso desde un punto de vista humanista, este señor podría hacer sus cuentas y decir hemos ganado tanto, la productividad ha subido tanto, hemos crecido en tantos mercados, así que yo creo que puedo aumentarles un 5%. Pero claro, esto son lentejas: no tendría por qué negociar con ellos nada.

Un rasgo común a las tres últimas treguas es que en las tres ocasiones ETA se ha buscado un socio negociador y ha enfocado esa negociación contra alguna otra fuerza democrática. Así, en la tregua de Lizarra en 1998, aquello era la agrupación de todos los nacionalistas, y el propósito de la misma estaba en el tercer punto del comunicado que el PNV y EA firmaron delante de ETA ese verano y que decía:

EA y EAJ-PNV adoptan el compromiso de dejar sus acuerdos con los partidos que tienen como objetivo la destrucción de Euskal Herría y la construcción de España (PP y PSOE).

Esto es un antecedente de cinco años antes, pero a lo bestia, del Pacto del Tinell, y me parece uno de los hechos más graves que se han dado en la democracia española por parte de ninguna fuerza democrática. En la tregua de 2006, los negociadores eran el gobierno del PSOE y la organización terrorista, y el objetivo a apartar era el principal partido de la oposición. Recordarán ustedes a poco que hagan memoria los titulares de aquellas jornadas, que eran: «El PP se queda solo en la oposición».

Es verdad que el PP se quedó solo en la oposición, pero esa soledad del PP era también la expresión de la soledad del Gobierno, porque mientras estuvo vigente el Pacto Antiterrorista, la política antiterrorista estaba sustentada en el Congreso de los Diputados por la suma de los escaños que sumaban el PSOE y el PP, que eran 312. Después de la resolución del 17 de mayo de 2005, en la que se hace un decálogo invitando al Gobierno a negociar con ETA, los apoyos que tiene el PSOE más todos los grupos nacionalistas y los grupúsculos de izquierda es de 202, es decir, 102 escaños menos.

No creo necesario hacer de momento ninguna cábala o especulación sobre esta tregua, porque creo que hay muy pocos hechos. No soy muy partidario de la teoría de la conspiración, ni tengo hechos suficientes para creer que esto ha sido negociado por el Gobierno. Aunque yo con este gobierno he perdido mi capacidad de sorpresa, y no digo que no pudiera haberse dado algo pero, simplemente, los hechos de que tenemos conocimiento —no sé si Antonio Basagoiti conocerá algún hecho más— no dan pie para afirmarlo, y me reservo para cederle la palabra.

[Antonio Basagoiti]

El terrorismo, es bueno no olvidarlo, siempre persigue multiplicar el efecto intimidatorio que tiene la violencia sobre la sociedad. Y a veces para ellos: se aprovecha también de la conmoción informativa, porque cuanta más alarma desencadene, y más grandes sean los titulares que obtienen, más consiguen sus efectos, que generan treguas, o que generan asesinatos, y creen que así dominan más a la sociedad democrática. Entiendo que es más que imposible combinar el principio fundamental y constitucional de la libertad de expresión con la limitación de algunas informaciones, o prohibir dar la voz en los medios de comunicación a los portavoces que saben que están al servicio del terrorismo, o que incluso forman parte de la banda.

Sé que en España la conquista de la libertad en la transición democrática, después de años de censura, ha facilitado que se cuelen por ahí propagandistas del terror. Profesionales de mandar mensajes en los medios que justifican atentados, que les presentan como luchadores o que introducen elementos políticos, geográficos e históricos absolutamente falsos y que hacen equivalencias de dictaduras con democracias. Esa capacidad que tienen los asesinos, además de para matar, para disfrazar el corazón negro del terror bajo una ética que convierte a los verdugos en víctimas, ha lastrado durante demasiados años el combate y la implicación social contra ETA. Eso fue evolucionando, y en el momento en que los medios de comunicación hicieron más activa su posición frente al terrorismo, ETA también se fijó más en los periodistas vascos. Cuanto más frontal ha sido la oposición de los medios de comunicación, más han sido los atentados que han ido perpetrando y más amenazas a los periodistas. Ahí están José Luis López de Lacalle, compañero de Arcadi y Santiago en El Mundo; José Javier Uranga del Diario de Navarra, Gorka Landáburu de Diario 16, Santiago Oleaga del Diario Vasco y muchos más.

No soy partidario de prohibiciones ni de limitaciones impuestas por ley. Creo que el mejor sistema para no hacer juego a la máquina de propaganda del conglomerado de ETA es el autocontrol de los medios democráticos. Un profesional claro y sensato, como la mayoría de todos los que están en el periodismo, ya sabe cuándo tiene que publicar la foto de un muerto en un atentado o no. Ya sabe cuándo tiene que comunicar, y en qué sentido, un escrito panfletario o no, o una entrevista con un asesino y en qué marco. Es bueno que hablemos de esto, y también del lenguaje, que lo hacía muy bien como siempre, y con mucha sagacidad, Santiago González.

Es una absoluta perversión que hace daño al fin último de poder vivir en paz y en libertad que algunos por ahí fuera llamen a ETA «movimiento separatista vasco». Es algo contra lo que nos tenemos que rebelar. No sé qué tal sentaría en Gran Bretaña que empezáramos a llamar al IRA «movimiento proirlandés pacífico y con espíritu político democrático». La verdad es que les exaltaría. Y también hay que rebelarse contra ese uso del lenguaje, cultivado hace mucho tiempo, que ha calado en algunos sectores, con cosas como lucha armada, activista vasco, resolución del conflicto y todas esas palabras que han servido para enmascarar la realidad totalitaria y fanática de ETA.

Ahora, vemos claramente cómo los terroristas intentan con sus comunicados que la sociedad se trague su enésimo anzuelo hablando de libertad, de paz y de democracia, diciendo que ellos la reclaman, que trabajan en esa dirección y ese tipo de cosas. Han sido ya demasiados años de engaños y de trampas. Creo incluso que la historia de la lucha antiterrorista es una historia plagada de mentiras, de medias verdades y de juegos con muchas esperanzas de paz, de gente de buena fe. Y todo eso empieza a caerse, en la medida en que tras el último comunicado terrorista, creo que ya casi nadie les cree.

Decía Santiago que una de las frases que se utilizó dentro de la evolución de aquel Pacto del Tinell, y dentro del esquema de la anterior negociación con ETA, era que estábamos solos. Sí, pero si nos fijamos bien, el contenido de las reacciones de los partidos políticos tras el comunicado de ETA ha sido el que podría haber hecho el Partido Popular, por lo tanto podemos decir, en el año 2010, que la reacciones son más parecidas a las que hubiésemos tenido nosotros antes, y solo nosotros. No digo que hayan venido a nuestra posición porque sí, pero sí creo que el tiempo va ajustando las posturas, colocando un camino, el único decente y eficaz: el de que ETA pierda toda esperanza de conseguir sus objetivos.

La realidad es que ETA llega a este comunicado con elementos comunes informativos y políticos parecidos a las demás treguas, pero también particulares. Lo común es que ETA tiene dificultades, y que tiene cierto debate interno. El debate y la posible dificultad o crisis no es que haya unos que optan, como piensan los bienquedantes, por la democracia, el Estado de derecho y la paz, y otros que optan por asesinar. Es que algunos creen que ya es momento de pasar con la chequera para cobrarse sus cincuenta años de asesinatos; que es momento de sacar lo que puedan en función de su ideario —autodeterminación, Navarra, mesas— y otros que creen que para conseguir ese objetivo tienen que seguir asesinando un poco más. Ese es el debate en ese mundo.

¿Y por qué se produce ese debate, que es lo importante a destacar hoy aquí? Porque se han hecho bien las cosas en los últimos tiempos, porque se ha avanzado mucho en los últimos años frente al terrorismo. Porque, desde fundamentalmente el asesinato de mi compañero Miguel Ángel Blanco, en Ermua hay una rebelión social y una dinámica acordada, en primer lugar, entre el Partido Popular y el Partido Socialista que coloca a ETA contra las cuerdas, que empieza a tratar su entramado económico, que lucha contra su posición institucional. Que trata a ETA como lo que es: no solo unos pistoleros que están escondidos en Francia, sino como un conglomerado con una pretensión política conformada por distintos tentáculos: el pseudopolítico, el pseudodeportivo, el pseudocultural y no creo pasarme de la raya diciendo que incluso hay un tentáculo pseudoeclesial. Es la deslegitimación de ese mundo y la aplicación de la ley contra ese mundo. Todo eso da sus frutos, y lleva a ETA a tener ciertas dificultades, y por eso también busca esos movimientos de tregua y de intentar engañar, seducir o ganar tiempo frente a la sociedad española.

Además, en esta ocasión hay un poco más de presión sobre la banda que en los últimos años, porque en el País Vasco ha habido un cambio. Un cambio político, como ustedes saben, de un lehendakari socialista que ha llegado a Ajuria Enea gracias a los votos del Partido Popular. Esto ha supuesto que en la educación se trabaje directamente para intentar que no se siembre la semilla del odio ni de la mentira en el fanatismo. Por ejemplo: las víctimas del terrorismo van a ir en este curso a las aulas para que los jóvenes conozcan qué consecuencias tiene defender esos planteamientos, esos medios y esos fines. Se ha conseguido que dejen de estar todo el día en la televisión pública vasca aquellos que defienden el asesinato. Yo se lo dije un día a un periodista a la cara, en una entrevista de televisión: «Aquí se da bola a ETA». Pero es que era verdad. Es que estaban todo el día allí metidos, y claro, el bueno de la película, para quien solo viese esa televisión, era el de Batasuna, o en su caso el del PNV, y el malo a perseguir y ridiculizar era el del Partido Popular o el del Partido Socialista. Más allá del partidismo que las televisiones públicas ejercen en ocasiones, que ustedes conocerán bien, imagino, aquí en Andalucía, esto supera un peldaño más, porque ya no era la posición partidista: era la posición de defensa, o de justificación, de unos planteamientos totalitarios.

Se ha ganado mucho en normalidad en el País Vasco, al tener menos espacios esta gente. Se ha ganado mucho a la hora de cuestionar las excusas de la banda terrorista. Ha habido más eficacia en la policía autónoma vasca, en la Ertzaintza, que tampoco es muy difícil: si en cinco años pasas de cero detenciones a cinco, es fácil ver la subida que se plantea en ese escenario. Todo esto redunda en que el País Vasco ha batido su récord de turismo durante este verano —es la única Comunidad Autónoma española que ha subido en turismo—. Ya no abrimos tantas portadas ni tantos periódicos con las broncas de Ibarretxe. Las fiestas de los municipios vascos, excepto por alguna kale borroka, han ido más tranquilas.

Se demuestra que uno puede prestigiar la Constitución y el Estatuto de Autonomía y no solo nadie se muere, sino que incluso a aquellos que recibieron el cambio político con un ataque de ansiedad se les va pasando, como pasó con la guerra de las banderas en los ayuntamientos vascos. Yo soy concejal de Bilbao, y me acuerdo de los líos que se montaban todos los días Grandes de las fiestas cuando subían la bandera española, porque había unos que se ponían como locos ahí abajo, y parecía que les daba un mal por ver la bandera roja y amarilla. Bueno, pues después de mucho pelear, se consiguió que la bandera ondease todo el año y ya se han acostumbrado a verla y tampoco les pasa nada a ellos.

La cosa está absolutamente más tranquila, y eso me lleva a pensar que ya, lo menos importante, tiene que empezar a ser lo que diga, comunique o haga ETA en sus escritos patéticos y lamentables. Creo que es bueno que los analicemos para saber por dónde van, o para reírnos de ellos, como Santiago hace muy bien. Pero ellos no pueden marcarnos ya más la agenda. La tregua del año 98 de Lizarra —la tregua con el PNV— se hizo en un momento en el que tenían apreturas, porque la sociedad vasca, y la sociedad española se había echado a la calle tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Había una corriente clara de acabar con todo ese totalitarismo, un hartazgo que se echó a las calles y se estaba empezando a traducir en una postura más firme de los partidos políticos contra esta banda, y ETA buscó una tregua en la que ganó tiempo y agrupó fuerzas en Lizarra. Primera conclusión: ETA usó la tregua para lo que la usa casi siempre, que es rearmarse, intentar tener protagonismo, ganar tiempo y tomar oxígeno.

En el año 2006 pasó algo parecido, aun con las diferencias. En 2004, ETA estaba en una situación muy complicada: aplicación de la Ley de Partidos, corte de la línea de financiación, eficacia policial, cooperación internacional, etc. Y llega a una situación de clara debilidad, o de reducción de expectativas políticas. No nos olvidemos de que ETA no son solo una banda de delincuentes: son personas que tienen un fanatismo y que quieren alcanzar una meta en todo o en parte. Bien, pues en 2006 buscan ese tiempo muerto, gracias a esa negociación que les hace creer que tenían razones cuando un gobierno se sienta a negociar con ellos, y por lo tanto vuelven a hacer la tregua para lo mismo que la de Lizarra: se rearman, roban pistolas, se fortalecen y, encima, avanzan un paso que ahora está siendo complicado desmontar, que es el del frente internacional. No solo lo utilizaron en esa tregua para ganar adeptos dentro de los países europeos y de todo el mundo.

Y no solamente contaron, como decía Santiago, con los de la ciencia en la resolución del conflicto —yo les llamo de los negocios—: caraduras, jetas y corruptos como Brian Currin que se están forrando a costa de los asesinatos de ETA durante cincuenta años. Llega el escenario actual y entonces la tregua se plantea en un alto el fuego, y en una función, también: en que dan resultado las políticas, pactos y leyes anteriores, y encima en el País Vasco también se les combate desde el punto de vista político, policial e idológico. Y en esa dificultad, buscan esa tregua. ¿Puede ser que sea para lo de siempre? La experiencia nos dice que esas treguas son para eso.

Después de todo lo que hemos vivido, de todo lo que hemos avanzado durante estos años, hay mucha menos tolerancia al asesinato, aunque queda mucho trabajo por hacer, después de lo que nos ha demostrado que ETA no solamente es el comando —la serpiente es todo, la cola, la cabeza—, creo que tragarse sin más un comunicado como el de ETA solo lo puede hacer un imbécil o alguien con intereses muy oscuros. Y espero que no estemos en ninguna de las dos situaciones, porque si este comunicado tiene algo positivo, como decía antes, es que nadie se ha tragado lo que planteaba ETA. Hace años quizá hubiese tenido más salida. Si hay algo positivo es que se va demostrando que hay un camino: aplicar aquello que ha sido eficaz y aquello que es decente, que es lo único que ha servido en la historia de la lucha contra el terrorismo y en que avancemos en el espacio de libertad.

[Arcadi Espada]

Gracias a los dos. Yo quería plantearos un par de cuestiones. La primera a Santiago, respecto a la hermenéutica de los comunicados. He leído una vez el comunicado de ETA, inmediatamente de producirse. Escribí en una nota rápida que me parecía un comunicado socialdemócrata, muy distinto realmente desde el punto de vista léxico, no desde el punto de vista político. Es decir hay una pluma, o hay otras plumas ahí, que tienen poco que ver con las anteriores, a mi juicio, y es en el derrumbe absoluto del sentido. Yo creo que el comunicado de ETA se abre con una confesión de demolición del sentido cuando dice «hace no sé cuánto tiempo que estamos en tregua, y ahora queremos anunciarlo». La absurdidad en el manejo semántico de ese concepto se demuestra muy claramente con lo siguiente: si dentro de un año ETA comete un asesinato y al cabo de seis meses dice «hace ya seis meses que hemos decidido romper la tregua y se lo comunicamos». Evidentemente la pérdida de sentido es absoluta.

A mí me parece que esa analogía entre principio y fin es lo que demuestra que parece como si ETA estuviera convencida —y sin interpretar por supuesto sus intenciones— de la propia inutilidad de sus palabras. Es decir que lo único que cuentan con ella son los hechos: ustedes han dejado de matar durante tanto tiempo, y ahora reafirmo y saco una publicidad de este hecho. En realidad, a mí me sorprendió muchísimo que el comunicado de una tregua invalidara el proceso mismo de comunicar que esa tregua se ha realizado. Esto me parece el súmmum, la demolición absoluta del sentido.

[Antonio Basagoiti]

Pero es que además es mentira, porque durante ese tiempo que ellos han declarado la tregua retroactiva, con ese comunicado paranoico y delirante, hubo extorsión a los empresarios, y eso es terrorismo: les mandan la cartita diciendo que «o pagas veinte millones o cuarenta o sesenta u ochenta o te pego un tiro». Y además había terrorismo callejero. Además de todo ello, es mentira.

[Arcadi Espada]

¿Tienes pruebas?

[Antonio Basagoiti]

Sí. Yo he visto dos cartas de extorsión de ETA a profesiones liberales y a empresarios durante el mes de junio. Las he visto físicamente, más allá de informaciones periodísticas. Y las otras evidencias son el terrorismo callejero que ha habido este verano. Por lo tanto, incluso es mentira que sea retroactiva. Es todo lo que habéis dicho, y además, mentira.

[Santiago González]

Lo que yo he planteado es que, verdaderamente, la única novedad era esa: el disparate de anunciar que llevamos ya unos meses en tregua. Pero yo creo que el derrumbe del sentido es el de la realidad, el de los hechos. Sus palabras entran cada vez más en conflicto con unos hechos que son los que son, que es que la única explicación posible dado lo que sabemos, lo que hemos visto, de que en los dos últimos años se ha detenido cinco veces a lo que la policía consideraba la cúpula de la organización terrorista. Que a lo largo de este año han sido detenidos sesenta y tantos terroristas de ETA. Realmente están en un proceso de demolición, pero no tanto de demolición de su discurso, que siempre ha sido bastante inane. Lo que pasa es que ahora, en la épica que manejan, queda absolutamente ridículo contrapuesto con los hechos en los que nos movemos y con los datos.

[Arcadi Espada]

A mí me parece que están como Castro, diciendo una vez que es el capitalismo lo que no funciona y al día siguiente lo mismo.

Otra cuestión. Una de las diferencias esenciales con otras treguas es que, que sepamos, no hay un proceso negociador, a diferencia del anterior. Por lo tanto en lo que estamos, en apariencia, es en que una banda de delincuentes decide dejar de actuar, pero no sabemos que haya habido alguna respuesta por parte del gobierno o cualquier otra institución, o que haya movimientos, o hemos de creerlo en la superficie. Por lo tanto, y a pesar de todo, ¿qué tiene que hacer el periodismo en este momento, ante una tregua?

Lo digo porque la respuesta periodística ante el terrorismo se divide en dos grandes espuelas. Una, la de los favorables a la tregua y a la conclusión feliz del proceso negociador, que rápidamente dice que el periodismo ha de guardar silencio, arrogarse de un cierto sentido del Estado. Que ante el beneficio mayor del cese de un conflicto sangriento como el que ETA ha provocado, debe recogerse y plegar velas ante las exigencias deontológicas de su oficio. Y hay otros que opinan que, naturalmente, el periodismo no tiene por qué tratar ese proceso negociador de manera distinta como trata cualquier otro hecho vinculado con la realidad. Es decir que cualquier información que sea cierta, veraz y comprobada se publica con independencia de las consecuencias que pueda tener.

[Antonio Basagoiti]

En cuanto a este análisis, sí quiero decir que mi gobierno está diciendo que no hay negociación. Con ETA todo se acaba sabiendo. Uno puede ahorrarse mentir en esta situación, porque aparte de ser asesinos, fanáticos y ridículos, casi todo lo que hacen lo dejan por escrito. Y creo, por las noticias que tenemos y que cuentan, que cantan todo enseguida y en cuanto llegan adonde tienen que llegar.

Pero a mí me parece que, en este debate, en cuanto a la postura de que no se debe informar, ocultar algunos tratamientos, que no se debe investigar, que no se debe hacer nada que pueda afectar a una posible negociación, con los lados oscuros que pueda tener eso, y la postura de informar, contemplando la veracidad de las noticias y las fuentes y demás, soy más partidario de lo segundo. Creo que se debe informar y que, además, los medios de comunicación dentro de nuestro sistema, y dentro del juego normal de la democracia, sirven para atemperar posiciones políticas erróneas.

Entiendo que la experiencia nos dice que, en ocasiones, los que nos dedicamos a la cuestión pública hemos limitado, corregido o depurado excesos gracias a la labor de investigación de los medios de comunicación. Pero yo, a un grupo y al otro, lo que sí les pediría es que estén muy atentos a que la información no se convierta en propaganda para la banda terrorista ETA. Uno puede informar sobre un comunicado de ETA, hacer análisis sobre ese contenido, dar la foto de un asesinato. Pero si aquello se convierte en una permanente exageración de las posiciones de los terroristas, creo que en cierta medida consiguen el efecto intimidatorio que plantean sus atentados, porque consiguen trasladárselo al conjunto de la opinión pública.

Por eso, prefiriendo y creyendo más adecuado que se informe de lo que se tenga que informar y que haya informaciones veraces, solo pido un autocontrol, que no sea ni tan siquiera una ley, ni tan siquiera un organismo como gusta mucho en Cataluña ahora, de regularlo todo y de controlarlo todo. Que piensen si esa información va a servir para potenciar la posición de aquellos que juegan a la propaganda. Entiendo que los mismos que piden que no se informe sobre cosas que pueden tener aspectos tenues son los mismos que a lo mejor desean que no exista la oposición, pero el juego ayuda. Y de hecho, creo que la oposición mantenida, por lo menos por mi partido, en el anterior proceso de negociación en la tregua de Loyola, que fue calificada por algunos de firme, exagerada y dura, sirvió para que el gobierno metiese más la pata de lo que la metió. Por tanto creo en el papel de los medios de comunicación y solo pido que contemplen, antes de dar una información, si sirve para potenciar el mensaje o no de los asesinos.

[Arcadi Espada]

¿Crees, entonces, que los medios de comunicación, ante el desvelamiento de un hecho trascendente —no de opiniones—, deben plantearse antes de su publicación si el conocimiento público de ese hecho beneficia o no a la banda? ¿Crees que esa interpretación debe hacerla el periodismo?

[Antonio Basagoiti]

No la primera información, porque es información y lógicamente hay que darla, sino que las informaciones posteriores deben informar desde un punto de vista en el que no destaque su posición, sino que se informe de la cuestión. Pero si, por ejemplo, se informa de este comunicado, pero estamos durante veinte días más diciendo que ETA quiere la paz y que opta por esto y por lo demás, les hacemos un favor. Yo creo que todo tiene un límite, y ese límite tiene que ser un acuerdo entre los propios medios de comunicación. ¿Dónde está ese límite?

Ya sé que es complicado, de la misma manera que te pongo encima de la mesa otro asunto que a mí no se me quita de la cabeza y lo tengo clavado hasta que me muera, que es el asesinato de mi compañero Manuel Zamarreño, concejal de Rentería, que fue portada en los periódicos en calzoncillos. Sé que es un tema distinto, pero creo que tiene que haber cierto autocontrol para que estas cosas no pasen. No me refiero a que no se informe de que ha sido un atentado terrible con la barra de pan. Y en el ámbito de los comunicados de ETA, yo creo que hay que informar de los comunicados, pero hay que ver hasta dónde, para que ellos no multipliquen su efecto intimidatorio.

[Santiago González]

Acerca de guardar silencio para no disturbar con el ejercicio del periodismo el desarrollo de la tregua, lo que debería hacer el periodismo es informar, que es para lo que está en este mundo. Pero de todas formas quisiera hacer un matiz. Lo característico de este momento no es que se pida silencio al periodismo para no molestar el desarrollo de la tregua: lo que se le pide es su concurso activo. Y de hecho, lo que está haciendo determinada prensa es ser agentes activos de la tregua. En este sentido, creo que lo que habría que pedirles es que no empujen la tregua.

Ayer venían dos entrevistas, extraordinariamente largas para el contenido intelectual de las mismas, con un fanático partidario de la tregua y de la negociación, caiga quien caiga: Jesús Eguiguren, en El País, y en El Correo. Era curioso que en las dos entrevistas era justo el resultado, la pregunta del comentarista deportivo al final del partido, y expláyese usted como quiera. Uno lee tonterías cuando ve a Jesús Eguiguren justificando su pálpito, sus apriorismos, sus creencias, de que esta vez hay una cuestión muy interesante, que el Lehendakari tendría que mojarse y capitalizar todo esto y liderarlo, cuando dice que «esto me lo demuestra la revelación que me hizo Brian Currin, o la revelación que me hizo Alec Reid». ¡Pero este hombre oye voces! Creo que el periodismo, en una palabra, no debería incurrir en esto. Lo digo porque me ha llamado la atención lo que Antonio destacaba, justamente: que la reacción de los partidos políticos ante este comunicado de tregua no tiene nada que ver con las anteriores, en el sentido de que han salido todos manejándola, a pesar de estos ajustes.

[Antonio Basagoiti]

Nuestra reacción es la misma de siempre.

[Santiago González]

Sí. Esta vez se daba un hecho objetivo que no se había dado en la anterior. Salvo, naturalmente, los que estaban con ETA en la negociación anterior —EA y Aralar—, ha habido unanimidad al rechazar el comunicado, incluso del PNV. Pero no demos las cosas por sentadas. Démosle tiempo, que esto ha empezado a moverse, y seguirán insistiendo los mediadores internacionales. Seguirán insistiendo los partidarios, que no guardarán silencio, empujarán la tregua con todos los medios a su alcance. Los que encontraremos con entrevistas con Eguiguren lunes, miércoles y viernes, y serán complementadas los martes, jueves y sábados con entrevistas a Odón Elorza, el alcalde de San Sebastián, que también es muy partidario del asunto. Creo, en fin, que todavía está por desarrollar la polémica, y que la vamos a tener a lo largo de estos tiempos. Y la regla general: darle la importancia a las cosas que tienen. ¿Se debe dar el comunicado de ETA de que anuncia una tregua? Pues sí, se debe dar. ¿Se debe seguir quince días, con artículos de opinión, diciendo «este es un momento que no podemos dejar pasar»? Creo que esto son tonterías. No son hechos relevantes como para dedicarles tanta importancia. Frente a eso, el periodismo tendría que cumplir su función, que es informar.

[Arcadi Espada]

De todas maneras, a mí me ha sorprendido, en relación con la tregua anterior, la relativa sordina del único hecho, en realidad, de la tregua. Y es que, supongo que en unos días, si no es ya, Antonio Basagoiti irá sin escoltas. Y como él, tantas y tantas otras personas en el País Vasco y fuera del País Vasco. A mí me parece un hecho muy relevante. Un hecho de la vida cotidiana que no prejuzga ni que esto sea largo o corto, ni un proceso de negociación. Que nos permite a algunos, por ejemplo, volver al País Vasco. No es que no fuéramos porque no nos guste ir con escoltas, sino porque nos parecía que no se podía ir a un lugar donde la gente tiene que ir con escoltas. Hay una serie de reflexiones ahí, y yo he visto excesiva sordina. Es un hecho relevante en la vida de miles de personas que una banda de delincuentes deje de asesinar: aunque sea quince días, entendámonos.

[Antonio Basagoiti]

Sí. Independientemente de que sea una mala tregua o un comunicado patético, o lo que sea, hay gente que se levanta más tranquila, sin ninguna duda. Pero de la misma manera que hay sordina en la sociedad, de la misma manera que no cuela casi lo que dice ETA en la gente y eso también tiene algo de positivo porque consigue menos su objetivo, los políticos están desconfiados. Los políticos y las personas que son víctimas o están en el objetivo o punto de mira de ETA, que son Partido Popular, Partido Socialista, jueces, periodistas, etc. ¿Y por qué no están brindando con champán? Porque saben cómo han acabado las anteriores treguas: que un día a lo mejor ETA te lo anuncia, o a lo mejor no te lo anuncia, o a lo mejor mañana te asesina a alguien y te dice que se ha acabado la tregua y que con efecto retroactivo se declara que se ha acabado la tregua, como podría decir Santiago. Y también porque, en otros procesos parecidos a este, lo que han hecho es hacerte la vida imposible. A lo mejor no te pegan un tiro, pero te dan una paliza si vas por el casco viejo. Tengo una compañera en San Sebastián, que es concejala, Maria José Usandizaga, que ha dicho una frase que se quedará para la historia de la política vasca, en la tregua del 98: no nos matan, pero no nos dejan vivir. Por eso no se brinda todavía con champán.

Esa sordina que ahora reviste la sociedad, que ha visto cómo ETA decía de todo y nunca se cumplía, la hemos visto más directamente los políticos. Y los políticos sabemos que a lo mejor, a ETA no le interesa hasta que le deje de interesar, pero que a lo mejor te quieren hacer otra faena bastante más grave que esa. Uno de los momentos en que más concejales constitucionalistas abandonaron el País Vasco fue en la tregua del 98. Y fue en la tregua del 98 porque les quemaban la casa, porque atacaban el comercio, porque perseguían a sus hijos hasta la escuela. Es esa la sordina que ve la clase política. Y de lo que tenemos que darnos cuenta es que hay que aprovechar ese momento para acabar definitivamente con ellos. Entonces, en ese día, sí sacaremos el champán, que nosotros llamamos agua de Bilbao.

 

Enlaces de interés

Sobre Antonio Basagoiti y Santiago González (pdf). 

Columnas de Santiago González en El Mundo.

El Blog de Santiago González en El Mundo.

Documento sobre las distintas treguas de ETA en El Mundo.

Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo (PP-PSOE) (pdf).

Página web del Partido Popular del País Vasco.

Manifiesto contra ETA firmado por los directores de los principales periódicos españoles (12-05-2000).

Pacto de Lizarra (12-09-1988).

Acuerdo para un Gobierno Catalanista y de Izquierdas (Pacto del Tinell) (pdf).