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notas libres

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Mi espacio, el tuyo, el del otro y el del otro otro.  Da igual, espacio libre al fin y al cabo, de eso se trata, ¿no?

sábado, 19 de agosto de 2006

[A vueltas con nuestra responsabilidad... y el trabajo bien hecho )


Los periodistas, a veces, no nos damos cuenta de para quien trabajamos o de la responsabilidad que nuestras acciones pueden llegar a adquirir. Nos paga el periódico, la radio, o la televisión que nos contrate, pero nos debemos a quien está detrás de todos esos medios, a quienes los consumen, quienes confían en nosotros porque con nuestro trabajo se sienten informados sobre cuestiones de su interés. Se trata de ser competentes y veraces ante la información que damos a los ciudadanos. De devolver la confianza que ellos nos prestan pagando un euro, o sintonizando una determinada emisora ofreciéndole un producto de calidad. El compromiso lo tenemos con ellos, más que con quien nos paga. O al menos eso es lo que debe decir nuestra ética profesional. Lo ideal desde luego es conjugar ambas, porque de lo contrario puedes sentirte profesionalmente realizado, pero en la puerta del paro. No siempre el mejor termina llegando más lejos y más alto, pero es sólo una más de las tantas injusticias que tiene la vida. Aún así, e independientemente de ello, lo única verdad es nuestro compromiso con el lector, oyente o televidente, porque ellos esperan de nosotros una información veraz, cierta, completa y ante todo, contrastada. No nos leen con la mosca detrás de la oreja por si les engañamos. Dan por sentado que lo allí escrito pertenece a la categoría de verdad, o al menos, de suceso ciertamente ocurrido. Si se produce el engaño o el error, ya estamos nosotros para rebatirlo. Pero el periodismo que hoy practicamos carece de ciertas normas de comportamiento, esenciales, fundamentales, imprescindibles para nuestro trabajo. Mejor dicho, ni siquiera son normas que debamos cumplir, es que sin ellas, no hacemos periodismo. Van en el lote de la profesión, no son adornos para demostrar mejores o peores cualidades de informador. Quien no lo haga, no merece ser catalogado como miembro de la profesión. Pero es el problema de los sueldos precarios, la multifuncionalidad requerida hoy en día al periodista, el poco tiempo para la preparación de los temas, la exigencia del titular llamativo, la inmediatez para adelantarse en la noticia a los demás... todo ello conlleva los problemas que hoy arrastramos y que, repito, son nociones básicas sin las cuales la profesión se pierde, o al menos, termina perdiendo el poco crédito que hoy tenemos ante los ojos de nuestros receptores.

 


Creado por jose antonio a las 17:29:53 horas

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[A vueltas... (2) )


El mayor ejemplo es la mal llamada prensa del corazón, porque como oí en cierta ocasión, quienes la practican ni tienen corazón ni tienen nada. Así, la profesión termina siendo el hazmerreír del país. Sin duda, lo peor que le puede pasar a un periodista es perder la credibilidad, porque de ella vivimos y para conseguirla y mantenerla trabajamos diariamente. Pero en perderla podemos gastar muy poco tiempo. Lo que se tarda en cometer errores de esas nociones básicas que decía. Hoy no nos podemos fiar de nadie. Nuestra máxima tendría que ser el “si no lo veo con mis ojos, no lo creo”. La gente ya está harta del periodismo de declaraciones, de citas, de fulano dijo y mengano le contestó tal y cual. Rellenos de páginas y más páginas que no llevan a nada, solo a desprestigiarnos y dar cabida al personaje de turno que quiere su minuto de gloria. Yo, al menos, ya no me fío ni de mi padre. A no ser que me diga lo que comí con él ayer mismo, intentaré siempre confirmarlo por mi cuenta. Su pretensión (no digo de mi padre, lo he puesto sólo como ejemplo) de pegármela o simplemente su posible error no me llevará a cometer el principal fallo del periodismo de hoy: la contrastación de los hechos. Porque no cuesta nada y porque se evitan errores mayúsculos. Y sobre todo, porque va exigido en nuestra titulación, en la práctica del trabajo que realizamos. Es como si el arquitecto comienza la casa por el tejado o el médico te da las recetas sin preguntarte qué te duele. Sin principios básicos, le terminamos dando la razón a quienes infravaloran el trabajo bien hecho que muchos de nosotros realizamos.


Creado por jose antonio a las 17:21:30 horas

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